El café de angélica es un pequeño local situado en el número 24 de la Madrileña calle de San Bernardo. El local había sido desde 1948 una tienda d hierbas aromáticas fundada por un funcionario de aduanas.  El local fue recientemente adquirido por el grupo restaurado Madrileño Deluz que vio una oportunidad en dar continuidad al negocio y empezar a tostar su propio café.

Local bonito, con encanto de los que te dicen algo nada más entrar. Decoración estilo colonial sin grandes sobrecargas, una pequeña barra con una la Marzocco  encima de ella y una trastienda vista  con una tostadora Probat.

 

Realmente lo que allí me ocurrió me hizo pensar. ¿Por qué esta proliferación de micro tostadores? ¿por qué el café que allí tome no me sorprendió para bien? ¿por qué el café que compre un Salvador me decepcionó?  Estoy seguro que el café que un día podré llegar a tomar en Angélica será extraordinario pero por el momento no está en este punto.

Tostar café es un arte y una ciencia, es una profesión que requiere de muchísima formación y experiencia años de entrenamiento que van desde las compras, reconocer la calidad ya en el café verde hasta saber los perfiles de tostado, la evoluciona el grano en la tostadora n función de temperatura, perfil de calentamiento, tiempo total de tueste, temperatura máxima, enfriamiento tipo, tiempo y gradiente de enfriamiento, reposo, humedad y máximo tiempo de envasado según el tiempo…casi nada.

Los orígenes y las fincas que se ofrecían para  degustar eran todos de una altísima calidad al menos bajo el papel y bajo la descripción pero el resultado sin ser “malo” distaba mucho de las expectativas.  Espresso con poco cuerpo, escasa crema, temperatura baja, extrema acidez con notas d verde y yuta mojada.

Al final de nuestra charla me pareció que por el momento Angélica es más un proyecto empresarial del grupo Deluz que una historia de auténtica pasión por lo que allí se hace. Tostar café para los locales del grupo es la salida fácil que se le da la producción de la tostadora Probat pero todos los envasados que descansan en sus estancias llevan demasiado tiempo expuestos como para mantener su frescura a parte de un nivel de tueste extremadamente claro que no consigue transformar todo lo que un café verde de esa calidad podría llegar a dar.

Me siento culpable por haber elegido este precioso local y esta aventura para ejemplificar como no es otro todo lo que reluce en el mundo de los micro tostadores y el café de especialidad hace falta mucho tiempo y compromiso para destacar y satisfacer de verdad a los consumidores respetando la esencia de lo que es un café extraordinario.